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Intestino y cerebro: tu tripa también tiene algo que decir

Imagina a dos hermanas. Gemelas. Los mismos genes, la misma infancia, las dos con más de sesenta años. Durante tres meses, cada mañana, ambas se toman una bebida con unos polvos disueltos. Ninguna sabe qué lleva.

En una hay fibra que alimenta a las bacterias del intestino. En la otra, un placebo.

Al cabo de doce semanas, las dos hacen el mismo test de memoria. Y los resultados empiezan a separarse.

La escena es inventada. Pero así, exactamente, se diseñó el estudio del que trata este artículo.

El experimento londinense con gemelos

El estudio PROMOTe se publicó en febrero de 2024 en la prestigiosa revista Nature Communications. Investigadores del King’s College London reclutaron a 72 personas mayores de sesenta años: 36 parejas de gemelos de la cohorte TwinsUK. Todos siguieron el mismo programa: ejercicios para fortalecer los músculos y una dosis diaria de aminoácidos. La única diferencia: en cada pareja, uno de los gemelos tomaba además 7,5 g de fibra prebiótica al día, una mezcla de inulina y fructooligosacáridos (FOS). El otro tomaba un placebo.

Elegir gemelos fue una decisión inteligente. Comparten los genes y buena parte de su vida, así que, si los resultados difieren, lo más probable es que se deba a lo que tomaba cada uno.

Unos resultados que nadie esperaba

El objetivo principal del estudio era la fuerza muscular. Y ahí, al cabo de doce semanas, no cambió nada.

Con la memoria, en cambio, fue otra historia. El grupo que tomaba fibra obtuvo mejores resultados en las pruebas de memoria y aprendizaje, sobre todo en una tarea en la que hay que recordar en qué lugar de la pantalla apareció cada imagen.

¿Y en el intestino? En quienes tomaban fibra, los investigadores midieron 40 cambios en la composición de las bacterias; en el grupo placebo, solo uno. El más llamativo fue el aumento de bacterias del género Bifidobacterium, uno de los indicadores mejor estudiados de un microbioma intestinal sano.

Doce semanas. Sin medicamentos.

Cómo se comunican el intestino y el cerebro

El intestino y el cerebro están conectados por tres vías: los nervios, el sistema inmunitario y las hormonas. Los científicos lo llaman eje intestino-cerebro.

Los prebióticos no son bacterias. Son su alimento. La fibra que el cuerpo no puede digerir por sí solo llega hasta el intestino grueso, y allí las bacterias beneficiosas se nutren de ella, crecen y se multiplican. Esas bacterias producen, a su vez, sustancias que viajan por la sangre hacia otras partes del cuerpo, también hacia el cerebro.

Qué efecto tiene exactamente todo esto en el cerebro es algo que la ciencia apenas empieza a descubrir. Pero cada vez parece más claro que el intestino no solo sirve para hacer la digestión.

Qué significa esto para tu plato

La inulina y los FOS del estudio no tienen nada de exótico. Están de forma natural en la achicoria, los espárragos, el plátano y en tres clásicos de cualquier sofrito: la cebolla, el ajo y el puerro. Basta con comerlos.

En general, la regla es sencilla: cuanto más variada sea tu alimentación de origen vegetal, más variado será el menú de tus bacterias. Verdura, legumbres (sí, las lentejas y los garbanzos de toda la vida), pan integral, frutos secos, semillas, fruta. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda a los adultos 25 g de fibra al día, y la mayoría no llega ni de lejos.

También encontrarás fibra en gfBar. Los cuatro sabores tienen un alto contenido de fibra: entre 9,6 g (COCONUT) y 12,0 g (COCOA) por estuche. Procede de los arándanos silvestres, la pasta de dátil y el jarabe de achicoria. Pero la barrita no es el preparado del estudio, y no le atribuimos sus resultados.

Volvamos a las hermanas

Las dos hermanas del principio son inventadas. El estudio, no. Muestra que lo que comemos cada día mantiene una conversación silenciosa con las bacterias de nuestro intestino. Y que esa conversación podría llegar más lejos de lo que pensábamos.

Mañana por la mañana volverás a decidir qué comes. La mayoría de los alimentos no tienen nada que decir en esa conversación. La fibra, sí.

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Fuente: Ni Lochlainn M. et al., Effect of gut microbiome modulation on muscle function and cognition: the PROMOTe randomised controlled trial. Nature Communications, 2024. Ver el estudio (en inglés)

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